Drogas que producen esquizofrenia.

La comunidad psiquiátrica coincide en señalar que existe una relación directa entre el abuso de drogas y la posibilidad de padecer esquizofrenia. Esto afecta incluso a las llamadas drogas blandas: el cannabis. El riesgo aumenta cuando el individuo es más joven y su cuerpo aún no está del todo formado.

A finales del siglo pasado y principios de este irrumpieron en España las llamadas drogas de diseño. Asociadas al mundo de la noche y a las discotecas. Grupos de jóvenes pasaban varios días sin dormir comiendo tripis, con una botella de agua en la mano. Cerraban “Afters”, uno detrás de otro, y tras una parada de avituallamiento en un restaurante de comida rápida, volvían a la carga.

Aquellas drogas sintéticas les producían alucinaciones. Las imágenes que entraban por sus ojos se distorsionaban en su cerebro. Se deformaban como si se disolvieran en ácido. El problema venía, cuando cualquier día, sin tomar nada, de repente, veían las visiones. A base de consumir tantas drogas, tantos fines de semana, las conexiones de su sistema nervios se vieron afectadas.

Los psiquiatras insisten en diferenciar un episodio psicótico, como puede ser una alucinación, de la esquizofrenia, que es un trastorno mental con un cuadro estable en el tiempo. De aquel grupo de jóvenes, alguno terminó con una enfermedad mental crónica.

¿Qué es la esquizofrenia?

La Clínica de la Universidad de Navarra, el hospital privado con una mayor reputación en psiquiatría de España, dice que la esquizofrenia es un desorden cerebral que deteriora la capacidad del pensamiento, la percepción, las emociones y la voluntad. Se trata de una enfermedad mental grave.

Durante mucho tiempo se le llamó “demencia precoz”, puesto que aparecía a edades muy tempranas. Con el tiempo pasó a denominarse “esquizofrenia” (mente escindida). No es que el paciente tenga una doble personalidad como alguna gente piensa erróneamente, sino que vive una disociación involuntaria de la realidad.

Aunque no existe una sintomatología única y hay una amplia variedad de grados, los síntomas más frecuentes son:

  • Delirios: Ideas erróneas que se le vienen a la cabeza al enfermo y de las que está convencido. “Todo el mundo está contra mí.”
  • Alucinaciones. Percibir algo que no existe. Escuchar voces o ver gente que le persigue.
  • Trastornos del pensamiento. El lenguaje del enfermo se hace incomprensible.
  • Deterioro de las emociones. Va empobreciendo su afectividad y su empatía hasta llegar a un punto de ausencia de sentimientos. Se muestran inexpresivos y se relacionan con los demás con frialdad.
  • Aislamiento. Tienden a encerrarse en sí mismos y en su mundo interior.

En la actualidad, la esquizofrenia se trata con una fuerte medicación de antipsicóticos y neurolépticos.

La esquizofrenia y el cannabis.

Aunque el cannabis no genera la adicción, ni la dependencia física de otras drogas, fumar marihuana de forma asidua y en grandes cantidades, como si se fumara tabaco, puede generar desórdenes mentales a medio y largo plazo. Sobre todo si se consume a edades tempranas.

El doctor José Caracuel escribe en el blog Control Clinic que fumar excesivamente hachís o marihuana produce episodios transitorios de psicosis. A largo plazo van deteriorando el sistema nervioso central.

Los principios activos del cannabis inhiben el receptor natural del glutamato que actúa en los procesos de percepción, memoria y aprendizaje y, por otro lado, exacerba los efectos de la dopamina.

El cerebro, para intentar descompensar el desequilibrio, habilita los mecanismos de NMDAr, unión del glutamato con su receptor. Esto es una especie de cortocircuito mental que desactiva el sistema neuronal y que puede llegar a desembocar en esquizofrenia.

La esquizofrenia y otras drogas.

En su artículo, el doctor Caracuel señala otras dos drogas cuya dependencia aumenta la posibilidad de sufrir esquizofrenia: La cocaína y el alcohol.

El consumo de cocaína afecta a la alimentación del sistema nervioso central y al circuito de recompensa cerebral, al disparar desmesuradamente de golpe los niveles de dopamina. Esto hace que disminuya el metabolismo del cerebro, lo que afecta a la secuencia de razonamientos lógicos.

La cocaína genera una fuerte adicción. El consumidor cada vez necesita más cantidad de droga para sentir los mismos efectos. Su tolerancia sensorial, por llamarla así, aumenta a costa de introducir en el cuerpo cada vez más sustancia nociva. Lo que daña progresivamente al cerebro.

Respecto al alcohol, el alcoholismo es uno de los factores desencadenante de la esquizofrenia. En este caso, la dopamina se ve inhibida por la ingesta excesiva de alcohol, por lo que se produce una desconexión en el sistema nervioso.

Aquí entran en juego factores genéticos. Personas que por factores hereditarios tienen alterados los neurotransmisores, si consumen alcohol en grandes cantidades, son susceptibles de sufrir episodios de esquizofrenia.

Por otro lado, los enfermos de esquizofrenia paranoide son propensos a sufrir alcoholismo, ya que lo perciben subjetivamente como una evasión de los síntomas de su enfermedad.

Uno de los errores que se cometen habitualmente es intentar tratar la esquizofrenia y obviar la adicción a las drogas. En estos casos van unidas. El problema principal que tienen estos enfermos es que al no desengancharse de la droga no se puede abordar la enfermedad mental.

El apoyo de la familia.

El entorno familiar del adicto sufre las consecuencias de su dependencia a las drogas. Es un testigo de cómo la persona que quieren se va autodestruyendo progresivamente. Han intentado hacer cosas para sacarlo de esa vorágine, pero no han conseguido nada. En ocasiones se sienten impotentes y frustrados.

Los terapeutas de Sinopsis, un centro de tratamiento de las adicciones situado en Figueres (Girona), opinan que la familia es una pieza clave para curar al drogodependiente. Para ayudarlo en su camino por abandonar su adicción.

El adicto para desengancharse necesita de un núcleo fuerte de apoyo que esté en todo momento a su lado. Aunque deje de consumir, la dependencia de las drogas es un peligro que sigue estando ahí. Existe el riesgo de las recaídas.

Con este fin es necesario trabajar con las familias. Primero deben comprender la situación. Deben asimilar que su familiar está enfermo, y que su comportamiento viene determinado por la enfermedad. Así mismo, deben comprender que hay cuestiones que escapan de su control. Es difícil curar a un enfermo si el enfermo no quiere curarse.

El modelo Minnesota.

Se trata de un método para abordar las adicciones que parte de que la dependencia a las drogas es una enfermedad por sí misma. No es un síntoma de otra enfermedad, ni una consecuencia de una condición física o psiquiátrica.

Este método surge en los años 50 cuando tres centros pioneros de este estado norteamericano lo desarrollaron para tratar el alcoholismo.

Su visión del problema parte de siete puntos:

  1. La adicción es una enfermedad crónica, progresiva y mortal de necesidad, si no se aborda.
  2. Es una enfermedad crónica.
  3. El adicto tiende a negar la enfermedad.
  4. El adicto no es responsable de padecer la enfermedad.
  5. El objetivo es recuperar al adicto por medio de un cuidado continuado. No la cura. La enfermedad continúa latente.
  6. La recuperación se facilita con el apoyo del entorno. Es necesario crear una red que mantenga la recuperación.
  7. Se persigue el bienestar físico, mental y emocional del paciente.

El modelo Minnesota es el que utilizan las Asociaciones de Alcohólicos Anónimos de todo el mundo. Se basa en crear grupos de autoayuda y ayuda mutua para superar conjuntamente la dependencia y lograr el bienestar de todos los miembros, manteniéndose sin consumir.

Como premisa ineludible, el adicto ha de manifestar su voluntad firme de dejar la droga, y de que no la consumirá ni de forma ocasional. Ha de tomar conciencia a un nivel de que está enfermo, del daño que se ha hecho así mismo y a su entorno, y de su deseo de reponerlo.

Es una terapia intensiva y corta, con la intención de que el ex adicto se integre lo antes posible a sus actividades diarias, pero sin abandonar el grupo de ayuda.

Desde su concepción, el problema principal no está en superar la dependencia física y psicológica, que desde luego es dura. El trabajo principal es evitar la recaída.

Desde que surgió, el modelo Minnesota fue un método revolucionario porque concebía la adicción como una enfermedad de la que el adicto no era responsable de padecerla. Por tanto, le quitaba todo sentimiento de culpabilidad y en ese sentido le liberaba. Partía de que la adicción era una enfermedad sin cura, pero que se podía superar. Y educaba a los antiguos adictos en la solidaridad entre ellos para fomentar la recuperación.

En su origen estableció los famosos 12 pasos, con alusiones directas a Dios, por el fuerte carácter religioso de la sociedad norteamericana en la que surge. En definitiva, a lo que hace referencia es a reconocer que el enfermo necesita ayuda para superar su enfermedad. Ayuda de los profesionales, ayuda de su familia y ayuda de los otros compañeros, a los que trata como hermanos.

En mi opinión, por ese sentido de cuidarse entre todos, el modelo Minnesota es idóneo para superar la adicción a las drogas, aunque esta haya derivado en una enfermedad mental.

 

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